defiende el enfoque de género

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Cuentos Andinos 2

La problemática indígena desde la perspectiva de un juez-escritor

¿Y por qué chilenos hacen cosas con piruanos? – interrogó el cabecilla de los Obas – ¿No son los mismos mistis?

E. López Albújar

Publicado: 2015-06-05


El cuarto cuento es uno de los más conocidos del autor. ‘Ushanan Jampi’ trata sobre la ejecución de la justicia comunal sobre un individuo ante la transgresión a los códigos. Al igual que el cuento anterior, la justicia se ejerce en el mundo rural ante la ausencia del estado. Esto evidencia el grado de autonomía de las instituciones comunales para regir la vida de sus integrantes. La decisión de los yayas se impone ante las leyes del país: no se confronta sino suple su ausencia. ‘Ushanan Jampi’ es el retrato del centralismo y de las diminutas dimensiones del estado peruano.

Allí estaba el jornalero, poncho en el hombro, sonriendo, con sonrisa idiota, ante las frases intencionadas de los corros; el pastor greñudo, de pantorrillas bronceadas y musculosas, serpenteadas de venas, como lianas en torno de un tronco; el viejo silencioso y taimado, mascador de coca sempiterno; la mozuela tímida y pulcra, de pies limpios y bruñidos como acero pavonado, y uñas desconchadas y roídos y faldas negras y esponjosas como repollo; la vieja regañona, haciendo perinolear [sic] al aire el huso mientras borbotea un rosario interminable de conjuros, y el chiquillo, con su clásico sombrero de falda gacha y copa cónica – sombrero de payaso- tiritando al abrigo de un ilusorio ponchito, que apenas le llega al vértice de los codos.

El cuento narra como Conce Maille robó una vaca a un miembro de la comunidad. Este hecho constituyó la tercera transgresión al código de justicia comunal. El perjuicio significó ‘una burla a la justicia severa e inflexible de los yayas’ por lo cual requirió ‘un castigo pronto y ejemplar’. El accionar de Maille se justificó en que él también fue víctima de un robo. El buscó ejecutar su propia justicia sin depender de la máxima institución comunal. Los yayas consideraron esto como una afrenta y le restaron el derecho a ejercerla. Esto refleja la subordinación de los intereses individuales a los comunales pero no al estado ausente. Se describen a los yayas de la siguiente manera:

- Al pleno sol, frente a la casa comunal y en torno de una mesa rústica y maciza, con macicez de mueble incaico, el gran consejo de los yayas, constituido en tribunal, presidía el acto, solemne, impasible, impenetrable, sin más señales de vida que el movimiento acompasado y leve de las bs chacchadoras, que parecían tascar un freno invisible.
- Ya hemos chacchado bastante. La coca nos aconsejará en el momento de la justicia. Ahora bebamos para hacerla mejor.
- Por mandato de la justicia implacable de los yayas.

La descripción de López Albújar explicita una dependencia de la justicia con la coca. Además, el poderío de los yayas frente a cualquier insurgencia individual. La institución somete a su integrante de manera completa. La autoridad y el poder que ejerce termina siendo ‘implacable’ contra cualquier fuerza que lo cuestione. Para los yayas el castigo se encontró claramente establecido en códigos. La justicia comunal se basó en los siguientes principios:

La primera vez te aconsejamos lo que debías hacer par que te enmendaras y volvieras a ser hombre de bien. No has querido. Te buras del yaachishum. La segunda vez tratamos de ponerte bien con Felipe Tacuche, a quien le robaste diez carneros. Tampoco hiciste caso del allí-achishum, pues no has querido reconciliarte con tu agraviado y vives amenazándolo constantemente. Hoy le ha tocado a Ponciano ser el perjudicado y mañana quien sabe a quién le tocará. Eres un peligro para todos. Ha llegado el momento de botarte y aplicarte el jitarishum. Vas a irte para no volver más. Si vuelves a sabes lo que te espera: te cogemos y te aplicamos ushanan jampi.

De esta manera, la justicia se ejerce en cuatro etapas: el consejo, la reconciliación, la expulsión y la ejecución. Mientras que la tercera es la muerte civil, la última es la física. El autor explica el significado de la ejecución de la expulsión para Maille:

Si para cualquier hombre la expulsión es una afrenta, para un indio, y un indio como Cunce Maille, la expulsión de la comunidad significa todas las afrentas posibles el resumen de todos los dolores frente a la pérdida de todos los bienes: la choza, la tierra, el ganado, el jirca y la familia. El jitarishum es la muerte civil del condenado, una muerte dela que jamás se vuelve a la rehabilitación; que condena al indio al ostracismo perpetuo y parece marcarle con un signo que le cierra para siempre las puertas de la comunidad. Se le deja solamente la vida para que vague por ella a cuestas por quebradas, cerros, punas y bosques, o para que baje a vivir en las ciudades bajo la férula del misti; lo que para un indio altivo y amante de las alturas es un suplicio y una vergüenza.

La expulsión de un miembro de la comunidad tiene justificación. Esto se debe a creer que la presencia del sujeto enojaría a los jircas. La molestia de las deidades locales repercutiría en la pérdida de cosechas, sequedad de las quebradas y venida de la peste. El autor destaca del acusado: ‘Era tal la regularidad de sus facciones de indio puro, gallardía de su cuerpo, la altivez de su mirada, su porte señorial, que, a pesar de sus ojos sanguinolentos, fluía de su persona una gran simpatía que despiertan los hombres que poseen la hermosura y la fuerza.’ Esta descripción representa la diferencia de Lopez Albújar con los escritores de su época: resalta características positivas cuando predomina el racismo científico que discrimina al indio’.

El quinto cuento es ‘El hombre de la bandera’. Este escrito funciona como relato fundacional de la nación peruana en el sector rural. Un soldado regresa a su lugar de origen para convocar soldados contra el avance militar chileno. Aparicio Pomares, quien participó en la Campaña del Sur, se encarga de reunir y animar a sus paisanos para luchar en la guerra. Mediante un discurso y una bandera se encarga de extender la nación en un lugar donde el estado se encuentra ausente.

Pomares se presenta ante su pueblo como un ‘indio como ustedes pero con el corazón muy peruano’. Se encarga de hacer entender la diferencia entre los mistis chilenos y los ‘piruanos’. Asume que los chilenos son ‘piojos hambrientos’ a quienes le entró codicia por las riquezas peruanas que denomina ‘nuestras’. Sobre el reconocimiento colectivo de las propiedades un miembro de la comunidad lo cuestiona y Aparicio le responde.

p. ¿Por qué has dicho Pomares, nuestras riquezas? ¿Nuestras riquezas son, acaso, las de los mistis? Y por qué riquezas tenemos nosotros? Nosotros sólo tenemos carneros, vacas, terrenitos y papas y trigo para comer. ¿Valdrán todas estas cosas tanto para que esos hombres vengan de tan lejos a querérnoslas quitar?.
r. Les hablaré más claro - - Ellos no vienen ahora por nuestros ganados, pero sí vienen por nuestras tierras, por las tierras que están allá en el sur. Primero se agarrarán esas, después se agarrarán las de acá. ¿Qué creen ustedes? En la guerra el que puede más le quita todo al que puede menos.

Lo que busca Pomares es imbuir un nacionalismo peruano en oposición a la presencia chilena. La creación de una peruanidad es necesaria para defender el avance militar en esa región. Otro comunero vuelve a preguntar sobre la relación con los mistis y el porqué de una solidaridad cuando vivieron explotados por ellos.

p. Pero las tierras del sur son de los mistis, son tierras con las que nada tenemos que hacer nosotros. ¿Qué tienen que hacer las tierras de Pisagua, como dices tú, con las de Obas, Chupán, chavinillo, Pachas y las demás?
r. Mucho. Ustedes olvidan en que esas tierras está el Cuzco, la ciudad sagrada de nuestros abuelos. Y decir que el misti chileno nada tiene que hacer con nosotros es como decir que si mañana, por ejemplo, unos bandoleros atacaran Obas y quemaran unas cuantas casas, los moradores de las otras, a quienes no se les hubiera hecho daño, dijeran que no tenían por qué meterse con los bandoleros ni por qué perseguirlos.

El intento de Aparicio Pomares es hacer que los integrantes de aquel pueblo se sientan parte del conjunto llamado ‘Perú’. Para esto es necesario apelar a la idea de comunidad. En ella se articulan principios de solidaridad (defensa en situación de necesidad) y oposición a un enemigo que agrede.

¿y el Perú no es una comunidad? - - ¿Qué cosa creen ustedes que es Perú? Perú es muy grande. Las tierras que están al otro lado de la cordillera son Perú; las que caen a este lado también Perú. Y Perú también es Pachas, Obas, Chupán, Chavinillo, Margos, Chaulán … y Panao, y Llata, y Ambo y Huánuco. Quieren más? ¿Por qué, pues, vamos a permitir que mistis chilenos, que son los peores hombres de la tierra, que son de otra parte, vengan y se lleven mañana lo nuestro? ¿Acaso les tendrán ustedes miedo? Que se levante el que le tenga miedo al chileno.

Pomares extiende en sus paisanos el hacerse sentir parte de algo más grande a su lugar de origen: al Perú. Pero encuentra la resistencia de ellos: ‘¿por qué vamos a hacer causa común con mistis piruanos? Mistis piruanos nos han tratado siempre mal. No hay año en que esos hombres no vengan por acá y nos saquen contribuciones y nos roben nuestros animales y también nuestros hijos, unas veces para hacerlos soldados y otras para hacerlos pongos. ¿Te has olvidado de eso, Pomares?’. Ante esto Aparicio responde con su propia experiencia de mestizaje. Fue tomado en Huánuco y llevado al frente de batalla en el sur. Es ahí en donde se identifica con los otros soldados como ‘peruano’ pero se diferencia en ser de ‘Chupán, Huánuco’. Es en esta instancia en donde realiza su propio perdón a los mistis.

Lopez Albujar intenta una reconciliación entre los indios y los mistis. El problema de su argumentación es que sitúa la culpa de la subordinación en el bando explotado. Son los indios mismos culpables de esto por su arraigo a la tierra. En este sentido encuentra un facilismo para converger los intereses mistis e indios en un solo frente de batalla: ‘¿Qué los mistis peruanos nos tratan mal? Verdad! Pero peor nos tratarían los mistis chilenos. Los peruanos son, al fin, hermanos nuestros: los otros son nuestros enemigos.’ Agrega Pomares:

Aprendí que Perú es una nación y Chile otra nación; que el Perú es la patria de los mistis y de los indios; que los indios vivimos ignorando muchas cosas porque vivimos pegados a nuestras tierras y despreciando el saber de los mistis siendo así que los mistis saben más que nosotros. Y aprendí que cuando la patria está en peligro, es decir, cuando los hombres de otra nación la atacan, todos sus hijos deben defenderla.

Lo que señala Aparicio es una expiación facilista al gamonalismo: porque despreciamos el saber misti y conservamos nuestra forma de vida merecemos la dominación. Refuerza esto la aparición de la bandera. Este símbolo patrio hace su introducción en el relato de la siguiente manera:

Compañeros valientes: esta bandera es Perú; esta bandera ha estado en Miraflores. Veánla bien. Es blanca y roja, y en donde ustedes vean una bandera igual allí estará el Perú. Es la bandera de los mistis que viven allá en las ciudades y también de los que vivimos en estas tierras. No importa que allá los hombres sean mistis y acá sean indios; que ellos sean a veces pumas y nosotros ovejas. Ya llegará el día en que seamos iguales. No hay que mirar esta bandera con odio sino con amor y respeto, como vemos en la procesión a la Virgen Santísima. Así ven los chilenos la suya. ¿Me han entendido? Ahora levántense todos y bésenla, como la beso yo.

El cuento menciona la relación de igualdad: ya llegará el momento de la igualdad, pero en ese momento no. Aparicio Pomares aprovecha la religiosidad rural para convertir la bandera en un elemento santo. La bandera debía de ser besada y recibir el homenaje de cada persona. En palabras de Lopez Albujar: ‘sin saberlo, aquellos hombres habían hecho su comunión en el altar de la patria’.

La labor de Pomares consiguió ‘hacer vibrar el alma adormecida del indio y para que surgiera, enhiesto y vibrante, el sentimiento de la patria, no sentido hasta entonces’. La lucha de los habitantes rurales era necesaria ‘ya que el misti peruano, vencido y anonadado por la derrota, se había resignado, como la bestia de carga, a llevar sobre sus lomos el eso del misti vencedor.’ De esta manera, el cuento traslada al lector el intento por constituir la ‘comunidad imaginada’ del Perú en el campo. El contexto es el de guerra que exigió la reconciliación con los mistis. El gamonalismo sale sin mucha crítica y encuentra una cierta justificación.


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