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Cuentos Andinos 3

La problemática indígena desde la perspectiva de un juez-escritor

M: Y al cura ¿Qué le dan ustedes cuando cosechan mi sargento? S: ¿Qué le damos? ¡Una bala!

E. López Albújar

Publicado: 2015-06-08


El sexto cuento llamado ‘El licenciado Aponte’ plasma la idea del mestizaje para la población indígena. Propone la existencia de buena predisposición de los individuos para su inserción en la vida urbana. Pero resalta la existencia de cierta barbarie ontológica que no puede ser transformada tan fácilmente. El personaje es el hijo de Conce Maille (protagonista de Ushanan Jampi) quien busca un mejor porvenir al margen de su comunidad.

En el personaje resaltan las cualidades de orden y disciplina que aprendió en el cuartel. Ahí también aprendió las ideas de patria (y el respeto a la bandera), saber leer y escribir, el porqupe de la ausencia de los ricos en el servicio militar, entre otras cosas. Llegó a la conclusión de que “nada como la adulación y la bellaquería para ascender.” Un buen futuro para el personaje consistió “en un buen pedazo de tierra, una docena de vacas, un centenar de carneros y una estancia llena de todo lo que puede apetecer un hombre joven, entre lo cual había que contar, necesariamente, a la mujer.”

Destaca en el cuento una conversación entre el sargento de su batallón y él. La importancia reside en que confronta su noción del valor laboral. Esto es posible a partir del diferente lugar de procedencia: el sargento es del norte del país; mientras que Maille, de la sierra central.

Sargento: ¡Pero ustedes son unos infelices! … ¿Y por sólo una peseta, un puñado de coca todas las mañanas y una ración de maíz y frijoles, como para puercos, trabajan todo el día?... ¡Qué bestias! Mejor están ustedes de soldados.
Maille: ¿y en su tierra, mi sargento, cuánto ganan?
S: Nosotros por tirar lampa, recoger algodón, cosechar arroz o maíz, un sol cincuenta. Así es que cada semana tarjamos nueve cincuenta, y a veces más, según las fuerzas de cada uno. Yo, verbigracia, me ganaba hasta doce rúcanos, y catorce también. Sacaba tarea y media en un día. Para tirar lampa o hacha, yo. ¿Y ustedes? ¿Cuántas tareas al día sacan ustedes?
M: Nosotros una, mi sargento. La montaña llueve mucho y comer mal, mi sargento. Patrones pagan mal: una peseta. Qué hacer con una peseta?
S: Lo dicho: ¡unas bestias! A nosotros nos pagan el sábado, y el domingo hacemos con nuestra plata lo que nos da la gana. Nada de mejoreros ni de vaina por el estilo.  
M: Y al cura ¿Qué le dan ustedes cuando cosechan mi sargento?
S: ¿Qué le damos? ¡Una bala! 

La diferente entre ambas posiciones reside en la presencia de la industria y del estado. En el norte las empresas agroexportadoras comienzan a proletarizar a los agricultores. Por el contrario, en el resto del país todavía predomina el gamonalismo.

Una de las cosas que el cuartel no pudo cambiar del personaje fue su superstición. El cuento lo resalta de la siguiente manera:

Mas lo que no lograron conmover ni menos descuajar de su espíritu las cuchufletas y los epítetos gruesos, ni los periódicos, ni las conversaciones del sargento de su compañía, fue la superstición, todo ese cúmulo de irracionales creencias con que parece venir el indio al mundo y a las que el ejemplo, la fe de sus mayores, las leyendas juradas de los ancianos, la bellaquería de los sortilegios y hechiceros, se encargan de alimentar desde la infancia. Las habrá guardado en lo más profundo de su alma, con un celo que no admitía profanación ni desahogos.

La superstición estuvo constituida por el culto a las apachetas, quebradas, manantiales y a los cerros. Para Lopez Albujar esto constituye ‘’prácticas de una liturgia primitiva, mezcla dela bellaquería, credulidad y libertinaje, inventadas para gentes de apetitos bajos y fáciles de imaginación infantil. ’’ Es de esta manera que el personaje argumenta su desgracia como respuesta a no respetar a una jirca.

El sétimo cuento se titula ‘El caso Julio Zimens’. En este relato se muestra como el fracaso por unir la tradición alemana con la indígena fracasa. Un inmigrante alemán arriba a Huánuco por su admiración al pasado prehispánico. Dentro de su pensamiento, encuentra afinidades entre el ‘incaisismo’ y el ‘kaiserismo’: “el derecho de la fuerza, el derecho divino, la casta militar, el feudo, el despotismo paternal, la disciplina automatizadora, la absorción del individuo por el estado, el insaciable espíritu de conquista y el orgullo de una raza superior’. Estas características forman parte de la interpretación de Lopez Albujar del pasado Inca.

El personaje se casa con “una india de pata al suelo, que a la primera intención, se dejó quitar la manta por el gringo y lo siguió como una cabra”. Esta crítica que hace el autor de la mujer repercute en la realización de un matrimonio mal constituido. Sobre su descendencia se señala: “¡Pero qué hijos, señora mía, qué hijos! Un fiasco para el virtuosismo, una jugarreta a la teoría, un golpe al ideal. De los seis hijos ninguno respondió a las expectativas. Como las ranas, todos ellos, a poco de sentirse autónomos se arrojaron al charco de la vida montañesa. Aquello fue una vergüenza y un tormento para Julio Zimens.” El cuento resalta la existencia de una ruralidad o indigeneidad reacia a cualquier intento por civilizarla. La ironía en la vida de Zimens rebela que la inmigración no basta para la integración del otro rural en la nación.


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