analiza el primer año de PPK

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A propósito de Paris 13/11

Sobre el miedo y su funcionalidad

"En Europa todo el mundo se solidariza y se vuelca cuando pasa en un país europeo o americano y si pasa fuera no pasa nada, que se maten entre ellos", indicó exfutbolista de Sevilla, que recordó que en 2008 la Liga lo multó por manifestar su apoyo a Palestina, cuando lo sucedido en entonces -opina- "fue algo mil veces peor que lo que pasó en Francia el otro día".

Frederic Kanouté, entrevista en RT

Publicado: 2015-11-24

Para Pablo Castillo

La respuesta de los ciudadanos parisinos a los ataques fue brillante: manifestaciones públicas con la frase ‘not afraid’. Si bien esto no es del todo real (el miedo está vigente por el momento), es la actitud más sensata y consecuente para encarar el porvenir. Actualmente los ciudadanos del mundo vivimos bajo un régimen donde impera el miedo: económico (el mito de la ‘fuga de capitales’), político (corrupción y malversación), terrorista, inseguridad urbana, entre otros. La actitud impuesta jerárquicamente (de la élite política y económica a través de los miedos de información) es el tener miedo.

El miedo es una sensación natural en el ser humano. Uno puede tener miedo al porvenir a como resultado de cierta culpa. Pero últimamente está siendo utilizado artificialmente al servicios de sujetos: estado o instituciones (sean locales o transnacionales). El miedo vigente implica la búsqueda y demanda por la seguridad. ¿A quién se busca para su provisión/asignación? Ciertos sujetos proveen seguridad: gobiernos, políticos (después de su pérdida de credibilidad por la malversación de fondos públicos asumen la finalidad de ‘proteger a la población’ para no perder una utilidad dentro del estado), militares, empresario del rubro seguridad (cámaras, micrófonos, etc.), empresarios de armamento, etc. La búsqueda de seguridad por el miedo implica la obtención de utilidades y réditos para algunos individuos. El miedo, el terror, el horror funcionan como un negocio más.

La mayor pérdida que puede generar el miedo es la restricción de garantia sociales o derechos constitucionales. En una situación de fuertes tensiones mayores mecanismos de control se implementan en desmedro de las libertades ciudadanas. Prolifera la implementación de cámaras de vigilancia, micrófonos, revisión de redes sociales (Facebook el panóptico perfecto), quieren sacar a los militares a la calle (ley marcial) entre otros. La provisión de seguridad tiene como costo la pérdida de la privacidad. Las personas aceptan ceder derechos a su gobierno empoderando a sus políticos. Ese es el camino que deriva radicalmente en la conformación de un estado totalitario que controla a sus ciudadanos por la renuncia voluntaria (bajo miedo) de su privacidad. Este régimen se legitima en la provisión de la seguridad. Irónicamente los grupos terroristas (isis, al qaeda, etc.,) trabajan colateralmente/indirectamente/¿involuntariamente? para el fortalecimiento de gobiernos, credibilidad de políticos e incremento de utilidades para las corporaciones/empresas del rubro seguridad.

El estado de terror encuentra múltiples fuentes repetidoras de los eventos funestos: radios, televisores, internet (computador, celulares, etc.). La propaganda en forma de información es omnipresente. El bombardeo mediático refuerza y alimenta el miedo constantemente. No hay información libre y desinteresada. Cada ‘miedo’ de comunicación defiende los intereses de sus patrocinadores antes de contribuir con la salud mental de sus espectadores tampoco es su finalidad). Las múltiples pantallas que transfieren las noticias se convierten en el escenario de un espectáculo macabro que despiertan múltiples emociones. Desde la tristeza por las pérdidas humanas hasta el goce por la ejecución del poder bélico (bombardeos desde aviones o barcos, tanques, etc.). La información refleja la valoración de personas y la indiferencia frente otras: se cubre hasta el cansancio los sucesos parisinos donde murieron menos de 200 personas pero es indiferente los miles fallecidos en Palestina o Nigeria.


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El lugar de Francia en el imaginario de occidente es privilegiado. Desde el siglo XVIII fue la cuna del pensamiento moderno conocido como ‘la Ilustración’. Introdujo en enciclopedismo (recurrir a definiciones y desarrollo epistemológico). Fue sede de la revolución que derrocó aun monarca e instauró los principios de la libertad, igualdad, y fraternidad. La Revolución Francesa de 1789 condenó al antiguo régimen (asociada a orden estamental y nobiliario) a un rol subalterno. Paris es la cuna de los Derechos Humanos que forman parte del mismo universalismo del ser. [Pueden mencionarse otros sucesos que hagan de este país trascendental para el mundo / Es uno de los centros desde donde se difunde la ‘Historia Universal’] Por la trascendencia de Francia duele tanto que un atentado sea allá. París es una de las capitales culturales y lugar de visita de millones de turistas. Es el escenario perfecto para impartir miedo tanto a un país como al mundo entero. Cuando golpean a esta ciudad, todo el mundo siente el efecto.

Los espectadores vienen siendo adoctrinados en la pérdida sensibilidad para distinguir entre lo real y lo imaginario. Laos medios de información y la industria del entretenimiento proyectan el goce tanático ante escenarios de destrucción. Por ejemplo, las películas gringas destruyen todos sus edificios célebres (desde las finadas torres Gemelas al Empire State) y en la prensa salen noticias de la torre Eiffel destruida. Pero cuando realmente estos escenarios se vuelven reales (11 de Setiembre en EEUU) la gente vive el horror. El deseo vuelto realidad es la pesadilla (Zizek). La guerra se ha convertido en un dominio lúdico y fuente de goce. Diversos juegos ofrecen al usuario simular un estado de guerra sin estar en el campo de batalla. Un jugador puede destruir tanques, helicópteros y tropas enemigas sin haberlo hecho realmente. Parafraseando a Baudrillard, vivimos la cultura del simulacro.

Los sucesos de Paris ratifican la refundación de Occidente. Francia y los países que busquen ‘salir en la foto’ forman una coalición para enfrentar al Isis. Un sujeto que quiera denominarse ‘occidental’ encuentra como elemento de oposición negativa al ‘musulmán radical’. Occidente queda construido en oposición al yihadismo. Pero no hay que olvidar que el radicalismo islámico es fruto de los vicios en la modernidad deformación del neoliberalismo (tema a abordar en un próximo artículo). En este escenario contemporáneo es crucial no tener miedo (o tenerlo pero luchar contra él). Es necesario defender las libertades ganadas por cientos de luchas en el tiempo. Ratificar el derecho a la desconexión del ciberespacio para liberarse de tanta basura mediática. Encontrar el valor que trasciende a la mercancía y el dinero. Evitar juicios totalizantes y prejuicios (no todo aquel que profesa el islam es un yihadista). La férrea voluntad y la valentía son las respuestas a los tiempos que se avizoran.


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