defiende el enfoque de género

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La insoportable levedad de 'Pisco'

Análisis de un significante problemático que despierta fuertes fervores nacionales

"¿El pisco sour es mejor acá (en Chile)?, ¿es diferente? Entonces prefiero el pisco peruano, pero el vino de ustedes es mejor que el peruano”"No me importaría que su pisco no sea tan bueno como el de ellos (por Perú) porque su vino es mejor y a nadie le agrada tomar solo pisco".

Ed Sheeran

Publicado: 2017-05-27

El presente artículo aborda el problema del Pisco en el Perú. El objetivo es analizar la razón del conflicto o polémica sobre el licor de bandera con Chile. Para tal fin se utilizarán elementos del lenguaje, la Historia y el psicoanálisis. El hacer una crítica sobre este tema no me hace ni más ni menos peruano (o pro chileno).

Lenguaje

En primer lugar, es necesario poner el problema desde la teoría del signo lingüístico de Saussure.


Como puede verse el problema no tiene nada que ver con el objeto denominado 'Pisco'. Puede llamarse 'leche', 'naranjada', 'ica', 'aguardiente', ‘destilado’, etc. El nombre no implica una disminución de la calidad del producto o la pérdida de su esencia. Entonces, el problema del Pisco gira en torno a la disputa por el nombre ‘Pisco’.

En la polémica actual dos significantes quedan enfrentados: 'Pisco' y 'aguardiente'. El primero es un nombre propio (mayúsculas) y utiliza artículos definidos (el/la). La fórmula correcta es EL Pisco y no un pisco. Diferente es con 'aguardiente' que es un nombre común (minúsculas) y lleva artículos indefinidos (un/una). La fórmula correcta es UNA aguardiente. Lo primero se contextualiza en que la denominación de origen es la asignación del nombre propio de un lugar determinado (el nombre es una metonimia entre el producto como parte de un lugar). En cambio, existen muchas aguardientes como la de la caña. En conclusión, el problema radica en la utilización exclusiva del nombre propio para denominar el licor.

En el análisis es necesario insertar el papel del significado a partir de la modificación de Lacan al significado saussureano. El significado es el efecto que se genera al unir/articular/juntar los significantes en una red/cadena (réseau). El significante 'Pisco' junta 'Perú' - 'peruano' - 'peruanidad' - 'bandera'. Su significado gira alrededor de connotaciones profundamente nacionalistas. Mientras que 'aguardiente' junta 'caña' - 'haciendas' - 'población indígena'. Esto a partir de ser un trago económico que daban los hacendados a sus pongos o yanaconas. Como decían los pensadores de la primera mitad del XX, ‘el alcohol es el oprobio del indio’ y el vehículo de eso era el aguardiente de caña.

Resumiendo, el problema del Pisco radica en la utilización exclusiva del nombre propio para determinar/nombrar una bebida alcohólica. El nombre no tiene ni la más mínima injerencia en la calidad del producto ni en el proceso productivo del mismo. Pero tan importante como el nombrar está la influencia de los significados. En los últimos años se consiguió realizar una metonimia perfecta: que 'Pisco' sea una parte de 'Perú' y que cuando se dice Pisco se está diciendo Perú. El significado despierta el afán nacionalista peruano representado por el impulso gastronómico contemporáneo.

Historia

Pero si el problema parece ser de la esfera del lenguaje, ¿por qué hay siempre esa sensación de que los chilenos quieren quitar todo objeto que parece significativo para la peruanidad? Aquí entra la explicación histórica. La Historia no es una ventana desde la cual puede verse el pasado de manera prístina. La Historia es también (y sobre todo) una narrativa que articula el historiador para sus lectores. Aquí viene la diferencia entre la Historia de la Academia y la Historia que se enseña en los colegios. Si bien la primera ha desarrollada nuevas investigaciones que cambian la narrativa clásica, se ha visto indiferente/impotente/imposibilitada de transmitir esto para potenciar la Historia escolar. De esta manera, muchos profesores todavía evocan a Pons Muzzo.

Aquí viene el problema de la historiografía (conjuntos de textos de Historia) de posguerra. Los historiadores de este periodo más que una Historia del periodo han dejado una histeria nacional. Su narrativa maníquea, victimizante y condescendiente tanto con la élite nacional como con los militares (salvo el chivo expiatorio de Mariano Ignacio Prado) trasciende profundamente en la mente de los peruanos. En esta narrativa se ve plasmada una castración/cercenación/separación realizada por nuestros enemigos chilenos tanto en el territorio como en el imaginario peruanoen : 1. La pérdida de las queridas Tarapacá y Arica. 2. La pérdida del salitre que pudo liderar la economía por décadas.

La Historia no cuenta el estado de discriminación existente en el Perú en el periodo de la guerra. Por ejemplo, la leva de jóvenes de comunidades por el mismo ejército peruano a morir como carne de cañón en las campañas de Lima mientras los señorones hicieron duelo por pérdidas materiales. Tampoco se pone énfasis en que la misma elite limeña encabezada por el alcalde Torrico prefirieron entregar la ciudad a tropas chilenas para que la ‘indiada’ (en sus términos) licenciadas después de la derrota pudieran acentuar el caos en la ciudad. Urge rescribir la narrativa con la cual es estudiada la guerra con el país chileno.

Psicoanálisis

Es así que al transmitirse la Historia a nivel escolar se forman generaciones con traumas de guerra en situación expectante a lo que se llevará Chile. La reacción tan eufórica y ardida es síntoma de patología. Es aquí que los ‘nuevos Arica y Tarapacá’ son el nombre de Pisco, el arroz con leche o la chirimoya. Es apreciable que la Historia a través de la narrativa contribuyen a las patologías mentales colectivas. La narrativa histórica es un vehículo patológico como se puede ver: 1) En la formación de ciudadanos nostálgicos que miran más hacia el pasado que hacia adelante (glorioso Tawantinsuyo, el virreinato más importante de América, la selección de Chumpi y Cueto) 2. Formación de una opinión pública para nada democrática y con tintes totalitarios que veneran figuras fálicas como el Inca, el Virrey, el Mariscal Cáceres, etc. En el caso de nuestra relación con Chile sobre el Pisco se produce una condensación de todo el trauma de la guerra que radicaliza la opinión pública. Además, el problema con Chile constituye una fijación en muchos ámbitos de la vida cotidiana peruana (su desarrollo económico, entre otros).

Conclusión

Este artículo propone que el problema del pisco radica profundamente en la lucha por un nombre alentado por el significado con tintes nacionalistas dentro de un contexto histórico que fomenta el trauma de la castración. Considero que la solución de este problema sería que Pisco deje de ser un nombre propio y pase ser un nombre común pisco. De esta manera, pueden existir tanto el pisco peruano como el pisco chileno. Me parece una solución porque ni el origen ni el sabor determinan que una palabra quede asociada con una cosa sino el uso que hacen los hablantes de un territorio. No hay que negar también que este tema es una cortina de humo perfecta para canalizar el apoyo popular en un gobierno de turno (tanto ejecutivo como legislativo) que buscan tapar sus negligencias y errores de la opinión pública.


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